- Prepárate. Ten a mano una toalla y ropa de abrigo para después.
- Bájate poco a poco. Desciende de forma controlada y deja que el cuerpo se acostumbre durante los primeros segundos.
- Concéntrate en la respiración. Respira lenta y profundamente. Cuando la respiración está tranquila, el resto del cuerpo también lo está.
- Quédate en tu zona de confort. No te exijas demasiado. Levántate antes de que empieces a temblar sin poder controlarlo.
- Entra en calor de forma natural. Deja que tu cuerpo recupere la temperatura por sí solo: muévete y vístete. Evita meterte directamente en una ducha caliente.
La seguridad es lo primero
Los baños de hielo suponen un gran esfuerzo para el cuerpo y deben abordarse con respeto. Nunca te bañes solo al principio y presta siempre atención a las señales de tu cuerpo. Si tienes problemas cardíacos, hipertensión, estás embarazada o padeces alguna otra enfermedad subyacente, debes consultar con un médico antes de empezar. Nunca combines los baños de hielo con el alcohol, y mantén siempre unas condiciones seguras y controladas: una bañera específica para baños de hielo te proporcionará esa seguridad.
Calidad sueca, todo el año
La tradición nórdica del frío no es una moda para nosotros, sino que forma parte de nuestra cultura. Con un baño de hielo en casa o en tus instalaciones, podrás disfrutar de la misma rutina que siguen los deportistas de élite y los clubes de bienestar, con pleno control sobre la temperatura y la higiene todos los días del año. El frío te espera: solo tienes que meterte en él.